Páginas

viernes, septiembre 20

- ¿Te preparas para otra guerra?

+ Oh, ahora no. 
Ahora estamos en ese dulce periodo en el que todos están de acuerdo en no repetir los recientes horrores. Sin embargo, esta coincidencia colectiva no suele durar. Somos seres inconscientes y estúpidos con mala memoria y un don para la autodestrucción. 

martes, septiembre 17

Verano


Disculpen el retraso.
Estaba aferrado a la barra, pidiendo la última, con las luces encendidas y gritando “Del barco de Chanquete no nos moverán” mientras los puertas me sacaban a rastras del verano.
Qué quieren que les diga. Nunca he encajado demasiado bien esto de que se acabe el verano.
Será que septiembre sabe a copa aguada, a derrota en la prórroga y a beso de despedida. Será que el verano siempre se va con los zapatos en la mano y sin dejar una nota en la mesita de noche. Será lo que sea que será.
Y no es que septiembre no me guste. Es que el verano me gusta demasiado.
Septiembre es como quedar a cenar con una chica justo después de una apasionada relación de varios meses con la que crees que es la mujer de tu vida, una mujer que va siempre en bikini, vive en la playa y está perpetuamente morena y de juerga, bebiendo copas en el bar de la playa y moviendo la cintura al ritmo de Carlinhos Brown.
O de Jimi Hendrix.
Ay.
(Suspiro).
No eres tú, Septiembre. Soy yo.
Septiembre siempre acaba volviendo. Como los supervillanos archienemigos de las películas que, cuando parecen muertos y enterrados, sacan el puño enhiesto de entre la grava en la última escena, sedientos de venganza.
Así es septiembre. Siempre vuelve. Siempre tiene la última palabra. Como Darth Vader, el Joker o tu madre.
Espero que hayan tenido un verano divertido. El mío ha sido intenso, que es como tienen que ser los veranos.
Ha sido un verano inolvidable.
Ojalá hubiera sido interminable.





martes, septiembre 10


lunes, septiembre 2

Vivir


Hay una cosa que hago muy bien (igual hay incluso dos, pero no os quiero abrumar con mis virtudes): yo me emociono mucho. Sí. Cuando toca emocionarse, me lanzo. No soy reflexiva en esto de la emoción. No escatimo en emoción, no guardo reservas anímicas, no, yo voy a por todas (y esto explica bastantes cosas). Porque es muy distinto evitar vivir encadenado a tus propias expectativas que vivir tus experiencias agazapado ante un posible fracaso.
Pondré un ejemplo por si no entendéis a qué me refiero (como si estuviera exponiendo una tesis sobre Schopenhauer). Conoces a alguien que te gusta mucho y durante los primeros días te convences de que no debes hacerte ilusiones, no vaya a ser que la cosa salga mal. Pero a ver, yo pregunto: ¿a alguien le ha funcionado pensar en que va a ir mal y que cuando, efectivamente, vaya mal no le afecte porque ya sabía que iba a ir mal? Si es así, por favor, que levante la mano, que dé un paso al frente o que tire la primera piedra (con algo de habilidad se pueden hacer las tres cosas a la vez).
A veces, tampoco muchas, las cosas van sospechosamente bien. Es entonces cuando empezamos a vivir con escepticismo, esperando que todo forme parte de una broma del destino, que es un cachondo mental. Salimos a la calle pensando que tarde o temprano se acercará alguien con un ramo de flores a decir: “¡Inocente! Que no te han ascendido, ¡que en realidad te han despedido!” “Que no, que no quiero salir contigo, ¡la que me gusta es tu amiga!” “Que no era un resfriado, ¡es una tuberculosis!”. Y caminamos despacito, como si fueran a darnos un susto en cualquier momento: “Me va bien, sí, pero no voy a emocionarme mucho porque nunca se sabe…”. Pues si no te emocionas ahora que va bien, luego, cuando vaya mal, tampoco será el momento para emocionarte, y esto quiere decir que la vida se queda sin huecos donde insertar la emoción. No te puedes poner contento cuando estás contento por si luego estás triste y no te puedes poner contento cuando estás triste porque, como todos sabemos, sería una flagrante contradicción. Y ponerte contento cuando estás neutro resultaría muy desconcertante.
¿Por qué evitar vivir las cosas con intensidad creyendo así prepararnos ante un futuro declive? ¿Estamos abocados a una vida preventiva?
Todo, en algún momento, irá mal. Estaremos tristes, nos dejarán tirados, la persona que nos gusta preferirá a otra persona, la persona que nos gusta nos preferirá a nosotros para acabar prefiriendo a otra persona, preferiremos a una persona que no nos prefiere en vez de a esa que nos prefiere a nosotros (no sé si este concepto ha quedado claro) perderemos el trabajo, meteremos la pata con la gente a la que queremos, nos sentiremos solos y a veces incluso lo estaremos, perseguiremos objetivos que jamás alcanzaremos y luego, ya con todo, moriremos. (Un momento, me estoy deprimiendo)
Pero quiero pensar que la única manera de prepararse ante ese acechante fracaso, es vivir rendido ante esa posible felicidad. Así al menos nos iremos de este mundo sabiendo que hicimos lo que pudimos para convertir nuestra vida en un viaje emocionante. Porque lo es


B.A

jueves, agosto 29

La peor época del año

Creo que podréis estar de acuerdo conmigo en que la peor época del año es sin duda alguna el final del verano. Y si no estás de acuerdo ya puedes ir cerrando la puerta cuando salgas.
En fin, el fin.
Los finales ya son de por sí tristes y feos, pero éste en especial te deja marca. Y más cuando te das cuenta de que lo mejor llega al final. Como todo en esta vida al parecer. 
Empiezas a hacer la maleta para volver a eso que no-debe-ser-nombrado llamado "rutina", y todo de repente, se hace imprescindible. De repente todo lo que antes ni mirabas al pasar necesita un hueco en la maleta. De repente se te escapa una lagrimilla por esa entrada al cine de verano, por una pulsera de los puestecitos de la playa, por el abanico que encontraste en la barra de aquel bar, por la foto del fotomatón desencuadrada. Todo te lo quieres llevar, pero en el fondo sabes que allá donde vas no es el lugar. Su sitio está aquí, donde empieza el mar y acaba el verano. Pero piensa que si todo eso formara parte de tu día a día ya no sería especial. A mi de momento este consuelo no me acaba de convencer porque todos nos queremos quedar. Pero cada cosa, cada persona, tiene su momento. Por eso cada vez estoy más a favor de que a uno se le vaya la cabeza y lo aproveche. Como dicen las modernitas wannabe hipsters de ahora "Carpe the fucking Diem". 
En fin, el fin. 



M. 

martes, agosto 20

El amor es pasión, obsesión, no poder vivir sin alguien. ¡Pierde la cabeza! Encuentra a alguien a quien amar como loca y que te ame de igual manera. ¿Cómo encontrarlo? Pues...olvida el intelecto y escucha al corazón. Porque lo cierto es que vivir sin eso no tiene sentido alguno. Llegar a viejo sin haberse enamorado de verdad... en fin, es como no haber vivido. Tienes que intentarlo, porque si no lo intentas, no habrás vivido.

miércoles, agosto 14

Tía, no te rayes


Por todos es conocido que los hombres y las mujeres tenemos grandes diferenciasque podemos apreciar de manera muy clara en nuestro día a día. Estas diferencias (al margen de que en los restaurantes de postín las mujeres identificarán el lavabo de manera inmediata con la puerta en la que luce un dedal de porcelana china que tiene una grulla cantando al alba y los varones lo harán con la del dedal de porcelana china que tiene una grulla cantando al anochecer)  podemos apreciarlas sobre todo en la manera de afrontar los problemas de los colegas en uno y otro caso.
Mientras que los hombres nos complicamos la vida con elaborados métodos para eliminar el drama de nuestros amigos en momentos de necesidad, que han dado como resultado complejas frases como “¿a quién hay que partirle las piernas?”“deja de pensar en eso y vamos a emborracharnos” o “vamos a emborracharnos y después le partimos las piernas”, ellas han sido capaces de aunar en una sola frase los sentimientos de “me preocupo por ti, amiga” y “tampoco somos tan amigas como para que me des la brasa de esta manera”; y lo llevan haciendo desde tiempos inmemoriales con “tía, no te rayes”. No hay problema que un “tía, no te rayes” no dé por zanjado.

Aunque el origen de la frase se remonta a la mitología griega, cuando Hera (en griego antiguo "Ἥρα Hēra”, “Ἥρη Hērē” en jónico y griego homérico y “la mayó de la Rea” para las señoras del Olimpo) que no tenía muy buen genio y estaba todo el día inventando cosas para condenar a todas las que miraban a su marido / hermano, Zeus, descubrió que Paris de Troya (primo segundo de Paris de Hilton) había elegido a Afrodita como la diosa más bella en una especie de concurso de misses helénico. Indignada porque ella sabía más de Rusia que ninguna de las otras, cogió un rayo de su marido Zeus e intentó agredir a Afrodita; consiguiendo Atenea impedírselo al grito de “¡tía, no te rayes! Jajajajajja, ¿lo pillas? ¡es que llevas un rayo! ¡NO TE ‘RAYES’!”. Nadie le rió la gracia, y desde entonces Atenea decidió no volver a hacer chistes (por eso al Teatro Ateneo no va El Club de la Comedia), pero la frase ya estaba ahí para generaciones posteriores.La historia lo prueba; ya hace 40.000 años –aproximadamente la segunda temporada de 'Cuéntame'- en tiempos del Paleolítico Superior (o como a mí me gusta llamarlo, Paleolítico de Arriba, donde hacían mucho mejor las paellas que los del Paleolítico de Abajo y gastaban menos jabón en limpiar los platos) las mujeres de cromañón usaban el “tía, no te rayes” como podemos apreciar en laspinturas rupestres, en las que sólo se apreciaban los problemas de los hombres con la caza, porque ellas no se rayaban.

Fue Cleopatra la que en el 51 a.C. volvió a poner de moda la expresión cuando su hermano Ptolomeo XIII, conocido por sus pérdidas de orina, le dijo que no estaba bien lo de liarse con Marco Antonio y después con Julio César, que eran colegas. Ella no se inmutó y le respondió “tía, no te rayes” (porque su hermano llevaba los ojos pintados y podían hablarle en femenino) e hizo lo que le dio la gana, que para eso era reina y guapa.
Tuvieron que pasar muchos años hasta que otra mujer, Juana de Arco, volviera a hacer uso de tan insigne frase. Según las crónicas de la época, Juana fue increpada por su propia compañía para no seguir avanzando en la batalla al grito de “¡Considerad hacer un esfuerzo para volver a la ciudad, o vos y nosotros estaremos perdidos!”, que no es más que una traducción rimbombante del “Tante, ne te casse pas la tête” o “tía, no te rayes, pasa de él que me enmarronas”. Ella, que era muy cabezona y un poco marimacho, no hizo caso y acabó en la hoguera, donde se rayó un poco.
Otros casos de mujeres que no hicieron caso a un “tía, no te rayes” los podemos encontrar en Santa Teresa de Jesús, a la que, según relata el biógrafo francés Pierre Boudot, se le apareció el mismísimo Jesucristo durante su época de clausura y le dijo “tía, no te rayes”, pero ella no pudo evitar rayarse, como demostró posteriormente. O en Marie Curie, que allá por 1898 tuvo la siguiente conversación de Whatsapp con su marido Pierre:

-Pierre, hay una piedra que cuando la cojo me veo las falanges (icono de calavera).
-Tía, no te rayes (icono de flamenca).
-¿Cómo no me voy a rayar? Me rayo. X (que es beso en inglés, porque Marie y Pierre eran muy modernos y veían 'Gossip Girl').

Dándole nombre así a su nuevo descubrimiento.

Y así es como esta frase ha marcado la historia tanto por su uso o como por la falta de este, como es el caso de Jane Austen, a la que alguien le debería haber dicho “tía, no te rayes” o de Frida Kalho, que recibió un “tía, no te rayes” como respuesta al decirle a su mejor amiga de la adolescencia “creo que me está saliendo un poco de entrecejo”.

El caso más reciente de su uso lo tenemos en todos los periódicos. “Luis, nada es fácil, pero hacemos lo que podemos. Ánimo, tía, no te rayes”. Y problema resuelto.