La recena es el final de una gran noche y el principio de una buena resaca.
La recena es compañía pero nunca multitud. Eso es un after.
La recena son gnochis al gazpacho mientras ríes en susurros para no despertar a tu familia. Es esperar lo que queda de noche para que se haga de día. Y luego pasarte el día esperando a que sea de noche.
La recena es nata en el pelo. Son las colas en los 24 y los discos de tus padres por el suelo. Es cortar fuet sin miedo a quedarte manco, vaciar la despensa y hacer comida para un regimiento. Es Masterchef.
Es no tener dinero para volver a casa, haber llegado en bici y bailar descalzo. Y sobre todo que no te importe. Es aguardar a que alguien invente la teletransportación que te meterá en la cama.
Los amigos. Los ligues. No los pillajes. Esos te llevan a desayunar, no a una recena. Esos te acompañan a casa pero no a una recena.
En la recena hay confianza. Estás tranquilo, arreglas el mundo. Lo típico, good vibrations. Conversaciones profundas y unas cerves. Muchas cerves. Las mejores ideas se tuvieron en una recena. Lo del garaje de Jobs no está mal pero seguramente se montó todo en una recena.
Los sueños y el futuro. Ay, maldito futuro. Hacerse mayor, dejar de creer. No, tú no estás en la recena. Aquí solo cuenta el presente. Películas, libros, canciones, salidas, restaurantes, viajes, exposiciones… ”Todo lo que se te ocurra en la ducha” dijo un maleante. “La buena vida” añadió el disfrutón empedernido.
La buena vida. Las cosas buenas de la vida. Eso es. Eso es lo que encontrarás en LA RECENA.
martes, octubre 22
Mantener
Salimos a respirar,
ella tenía aún su mano en la mía.
Mantener es mi verbo preferido, había sucedido.
¿Cómo lo sabrá? Pensé y me contesté: lo sabe y ya está.
Nunca había tocado algo
tan liso hasta entonces. Ahora no se si hasta hoy.
Se lo dije, que la palma de
su mano era mejor que el hueco de la caracola, mientras volvíamos a la orilla,
tras habernos soltado.
Lo dice
Shiwa
lunes, octubre 21
Para que vuelvas
A lo mejor me quedo aquí.
A lo mejor espero a que decidas que ahí fuera hace mucho frío.
O al revés, a que ya no quieras que te caliente el sol.
A lo mejor sigo aquí, por si vuelves.
Y si vuelves, para que vuelvas.
Si vuelves es probable que yo me vaya. Porque al fin y al cabo a eso jugamos. A que cuando tu vas yo vuelvo y a que cuando tu vuelves yo ya me he ido y he vuelto dos veces.
La ecuación es fácil. Tu sí, yo no. Yo sí, tu no.
Para que vuelvas.
Que tú y yo sólo queremos lo mismo cuando queremos matarnos. No sé si a besos o a golpes. Pero matarnos. Matarnos como el sol mata a las mismas plantas que tampoco pueden vivir sin él. Nadie les explica el concepto de protección solar.
Nunca nos protegemos lo suficiente del peligro.
Sólo así.
Porque sólo así vuelves tú. Porque si vuelves para otra cosa, a mi ya no me gusta.
Que uno nace incendiario y muere bombero. Que tus cenizas nunca se cansan de apagar mis llamas. Que si me llamas, paso de cogerlo. Que las cenizas, al fin y al cabo, sólo son eso: cenizas.
Que si, que todo lo que sube baja y que todo lo que entra sale, pero tu ascensor se quedó parado entre el cuarto y el quinto mandamiento de mi ego personal y yo entré despacio pero salí corriendo. Como siempre.
Y joder que si corrí. Corrí tanto que, por si vuelves, que sepas que probablemente esté allí. Si, allí. Donde te dije que estaría si algún día a ti te daba por marcharte.
Y todavía tendré que darte las gracias por las vistas.
Espero que esperes que merezca la pena. Espero que esperes que me vaya bien.
¡Qué menos! Eso es lo que hace la gente como nosotros. Desearse cosas que no desean con el deseo de que pase todo lo contrario.
Espero que no esperes que te espere.
En fin, todo esto: para que vuelvas.
Que sí, que somos así. Que tus ojos no eran color miel y que yo tengo muy mal café. Es lo que hay. Que si tu lo querías con hielo yo lo quería caliente y que cuando tenias frío venias a buscar mi calor. Así, de repente. Que se derritan los polos.
Que tu única convicción eran tus dudas y que los ojos negros nunca fueron tan claros. Que si pretendes que el barco avance sin remar, lo siento mi Capitán, pero que paren el burro que yo me bajo aquí. Que al final nada, y que quien nada no se ahoga.
Que si una vez duele, dos veces duelen más. Y tres ya ni te cuento.
Pero a la cuarta fue la vencida, y yo que siempre he sido de apurar convocatorias, a lo mejor te espero. Aunque sea para volver a dejar el examen en blanco.
Como tu sonrisa. Vaya, ahora recuerdo por qué siempre era yo quien volvía.
Así que voy a sonreír en blanco, para que flipes en colores. A partir de ahora, los cafés de dos en dos: uno ardiendo y otro helado. Por fastidiar. Pienso remar hasta no sentir los brazos, y si tengo que convencer al burro de que es un caballo, lo haré.
Que yo ya no suspendo, que paso de septiembre. Los finales del verano nunca trajeron nada bueno. Que si quieres volver, que vuelvas. Y si no, que te vaya bien. Saluda a tu bipolaridad de mi parte. Hace tiempo fuimos buenos amigos.
Para que vuelvas.
Que si hay que morder se muerde pero yo, los perros, los prefiero que no ladren.
Que a veces mientes tanto que casi te vuelves de madera. Que oye, lo siento, pero yo no soy Rihanna.
Que las únicas vueltas de campana que llaman tu atención son las que puedo dar con el coche. Que tú siempre fuiste de finales amargos, pero a mi siempre me gustaron mas Thelma y Louise.
Que lo creas o no, han descubierto que hay vida mas allá de la montura de tus gafas de aviador.Que podría escribir todo esto de manera mas ordenada, pero que yo en mi desorden siempre encuentro las cosas. Y que no me da la gana.
No me da la gana, no me da la gana, no me da la gana…
Hoy, si quiero, puedo tener cinco años.
Cinco, como las veces que saltó tu contestador. Nunca entendí por qué la voz del contestador siempre es de mujer, ¿Los hombres no pueden dar un recado?
Da igual.
Es igual.
Sigues igual.
Me da igual.
Es la primera vez que me resultan útiles aquellas aburridas clases de lengua. Mejor no hablemos de lenguas, mejor solo mordérsela. Silencio.
En silencio.
Así, como a ti te gusta.
Sin avisar.
Para que vuelvas.
Que seas un avión y ya hago yo de torre. Que vengas a atravesarme y partirme en dos. Que me caiga de tal manera que nadie lo entienda y parezca que lo he hecho a posta. Y que como no tengo un hermano gemelo, lo hagas dos veces. Doble o nada.
Que no se tú, pero yo la horchata me la bebo.
Espabila.
Por si vuelves,
Para que vuelvas.
Lo dice
Shiwa
domingo, octubre 20
- Antes de irme a la India, cuando nos despedíamos en el aeropuerto, no concebía estar ni un sólo minuto sin él. Me moría.
+ Y qué pasó en la India para que todo cambiara?
- No sé, que me di cuenta de que podía estar bien sin Diego, que nos echábamos de menos de maneras muy diferentes. No sé es que yo siento que no le doy lo que se merece, que nunca voy a estar a la altura.
+ Es que no tienes que estar a la altura. Ni amarle, ni echarle de menos de la misma manera. Está bien que puedas vivir sin él y que no tengas una dependencia enfermiza. Y desde luego no pasa nada porque te fijes en otros. Da susto, da mucho susto porque te hace plantearte muchas cosas pero no pasa nada si al acercarte a él y oler su jersey, sigues sintiendo que es tu alma gemela y que estás en casa.
Lo dice
Shiwa
Entrevista a Javier Bauluz
¿Existe un estilo? ¿Cómo se consigue que una foto sea distinta, especial?
La fotografía está en la mirada de quien la hace, no en la cámara. Me arriesgaría a decir que ni siquiera está en las situaciones que se fotografían, sino en cómo la puede ver un fotoperiodista, cómo la traslada a una imagen. Los buenos fotógrafos son los que hacen una buena foto de lo que sea. No está pasando nada y de repente aparece una imagen que te sorprende, que cuenta algo sobre ese nada que no está ocurriendo.
Robert Capa djo: “Si tu foto no es lo suficientemente buena es que no estás suficientemente cerca”. No se refería solo a la cercanía física, sino a una cercanía emocional.
Iba a decir exactamente eso. También lo entiendo así. Cuanto más cerca estés emocionalmente de lo que está pasando mejor lo vas a contar.
Una forma de salir de la crisis es hacer periodismo y ser útiles.
Sí, claro. Una sociedad sin periodistas es como una sociedad sin médicos. No hay democracia. No solo eso: no hay ni sociedad. La gente sin información no puede actuar.
La Sexta emite los domingos Salvados, un programa de denuncia social que dirige Jordi Évole, un periodista capaz de hacer las preguntas que haría la calle, no los periodistas rebuscados. Es un éxito: tiene cerca de cuatro millones de seguidores.
La prueba de que los periodistas son necesarios. Un periodista como Jordi Évole consigue que esos cuatro millones sigan voluntariamente lo que cuenta, lo que presenta. ¿Por qué él tiene esa audiencia? Está claro que a la gente le interesa saber qué pasa y quiere que se lo cuenten bien. Y este periodista lo hace perfectamente. Está claro que la gente quiere y necesita periodistas. El periodismo puede ser rentable si se encuentran las fórmulas.
4 preguntas que describen perfectamente el buen trabajo de los periodistas y de los grandes fotógrafos. Y sobre todo que explica llanamente por qué todos necesitamos periodismo. Jot Down, de lo bueno lo mejor, sobre todo en sus entrevistas y reportajes.
Lo dice
Shiwa
miércoles, octubre 16
Primer beso
Tras ver el nuevo anuncio de Coca-Cola sobre los primeros besos, he tenido que dejar de trabajar en mi reseña sobre el libro War at the Wall Street Journal por Sarah Ellison (puede que no os importe, o puede que sí. De todas formas, quién coño me lee?) para pararme a pensar en los primeros besos.
Sólo el 10% del mundo afirma que su primer beso fue perfecto. El otro 90% aka moi y vosotros REAFIRMAMOS que fue la peste. Desastre. Fracaso. Por no decir Apocalipsis. No hablo de picos, no hablo de besos en párvulos, sino de primeros besos hechos y derechos.
No sé cual es la edad media para darse un primer beso pero la verdad es que volviendo la vista atrás yo era un auténtico moco. Un mocarro de pura cepa sin ningún conocimiento del mundo que me rodeaba. Estaba a las puertas de la edad del pavo. Sólo visualizo una maraña de labios, lengua y muchas babas. Ahora lo recuerdo con nostalgia, pero en aquel momento fue tal el shock que dejé al pobre niño a los 5 días. Relaciones fugaces donde las haya. Además me entró un sofoco por la situación que pensé que todos los besos eran calientes y quizá es por eso por lo que ahora me gustan con hielo.
En ese momento mis transmisores de serotonina no funcionaban con demasiada fluidez. Pero no intentemos sacudirnos ningún tipo de culpa. Mea culpa. Nosotros también somos los responsables de nuestros fracasados primeros besos. Dudo que alguno aquí presente fuera un sex machine a la hora de besar. Nadie se espera grandes proezas de un mico de 12 13 o 14 años. También fuisteis babosos, metíais demasiada lengua y no controlabais la distancia de diente a diente ajeno.
Yo no vi ningún fuego artificial a mis espaldas, no escuché pajarillos cantando, ni levanté la pierna izquierda a modo 'Princesa por Sorpresa'. Pero algo de eso te pasa cuando de verdad das tu primer beso. A la persona que te abre un hueco en el estómago, que hace que te falte el aliento, que el corazón vaya a velocidades aún no calculadas por el hombre, que te vuelve más humano.
La vida está llena de primeras oportunidades y también de primeros besos. Cuando se trata de esas personas, siempre consideramos que hemos dado nuestro primer, segundo y tercer Primer Beso. Y no importa. Porque le estamos regalando "el primero".
M.
Lo dice
Shiwa
lunes, octubre 14
Esto es la guerrra
Un día alguien me dijo que la guerra estalla cuando menos te lo esperas.
Que el enemigo nunca avisa, y que si puede te pilla cuando eres feliz, cuando no estás preparado para la catástrofe. El ruido sólo existe donde hay silencio.
Que el enemigo nunca avisa, y que si puede te pilla cuando eres feliz, cuando no estás preparado para la catástrofe. El ruido sólo existe donde hay silencio.
Un día alguien me dijo qué hacer cuando suenan las trompetas y se cargan los cañones. Me dijo que no hay mejor plan de ataque que conocer como la palma de tu mano cuáles son tus fortalezas, pero sobre todo cuáles son tus debilidades. Porque cuando sabes dónde está una cosa, también aprendes a esconderla donde nadie pueda encontrarla.
Esa misma persona me dijo que fuese a mi arsenal y que, de entre todas las espadas, arcos, escudos y ballestas, cogiese lo mejor.
No importa que sean armas viejas y oxidadas, uno siempre encuentra la manera de sacarles brillo. Y eso es lo que hay que hacer, sacarle brillo a las espadas, afilar las flechas y poner a punto las ballestas. Quitarle el polvo a la armadura y dejarla reluciente.
Brillar hasta cegar.
No importa que sean armas viejas y oxidadas, uno siempre encuentra la manera de sacarles brillo. Y eso es lo que hay que hacer, sacarle brillo a las espadas, afilar las flechas y poner a punto las ballestas. Quitarle el polvo a la armadura y dejarla reluciente.
Brillar hasta cegar.
Y los soldados. También me habló de los soldados.
Me dijo que con el paso del tiempo aparecen personas que, llegado el momento, siempre estarán dispuestas a formar parte de la primera línea de batalla. Que aunque haya pasado el tiempo, harán suya tu causa y la defenderán como si fuese la propia, sin necesidad de ser llamados para ello.
Me dijo que con el paso del tiempo aparecen personas que, llegado el momento, siempre estarán dispuestas a formar parte de la primera línea de batalla. Que aunque haya pasado el tiempo, harán suya tu causa y la defenderán como si fuese la propia, sin necesidad de ser llamados para ello.
Por eso son importantes los soldados, porque cualquier coronel que se precie está siempre rodeado de hombres valientes, cuchillo en mano, esperando el grito de guerra. Porque sabrás que has hecho algo bien en la vida cuando el disparo que te llegue por la espalda atraviese antes a otra persona que a ti. Porque hay veces que la fidelidad también se comete.
Me contó que las más grandes guerras no se han librado en los campos de batalla. Que a luchar se aprende luchando, que hay heridas que se cierran, y otras que no. Dijo queamigo es el que avisa y que en esta vida no te avisa casi nadie. Por eso hay que escuchar, porque no hay más sordo que el que no quiere oír.
Me explicó que los hilos de los que colgamos se rompen a veces, que los motores fallan, que los corazones se paran y que los ojos se cierran, que los aviones se caen y que hay balas invisibles.
Pero hay cabezas que siempre se mantienen altas, pase lo que pase, pase quien pase,pase lo que no pase. Porque a veces ese es el problema: que las cosas no pasan.
Y ya está.
Y ya está.
Y así fue cómo aprendí que en la vida hacemos dos carreras, y comprendí cuál era la importante. Lo comprendí porque cuando vas a la guerra no hay papel que valga. Porque aquí no sólo se pelea con las manos y hasta la paz hay que lucharla.
Me dijo algo de las trincheras. No lo recuerdo bien, pero creo que vino a decirme que los guerreros de verdad luchan en campo abierto, de frente, a cara descubierta y con los dientes apretados. Dijo que en las trincheras sólo hace frío y está oscuro.
También me dijo que de todo se aprende, que tus gritos son el eco de los gritos de otra persona, que a veces la mejor arma que puede fabricarte un herrero es un consejo y que los refranes deberían ser patrimonio de la humanidad. Que no somos los primeros ni los últimos y que los últimos a veces sí son los mejores.
Me dijo que hay que ser un junco, que hay que aprender a doblarse hasta el suelo y volver a subir. Me recordó que los robles se acaban partiendo por la mitad.
Y aprendí que una retirada a tiempo es una derrota. Que irse de los sitios por la puerta de atrás cuando las cosas se ponen feas es de mala educación.
Siempre fui de morir matando,
Y ya sé lo que hay que hacer.
Y ya sé lo que hay que hacer.
Lo dice
Shiwa
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