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sábado, abril 12

The Newsroom


En el salón de actos de una universidad norteamericana una estudiante se levanta y lanza una pregunta ―retórica― a los invitados sentados en el escenario:
¿Pueden decirnos por qué EEUU es el mejor país del mundo?
En el escenario, los contertulios invitados se apresuran a contestar. A un lado, la representante oficial de la América demócrata y liberal en el sentido estadounidense del término:
Diversidad y oportunidad, dice ella.
Al otro, el representante de la América republicana y neoconservadora:
Libertad y libertad así que mantengámonos así, responde él.
En medio, un presentador de noticias taciturno. Rehúye la pregunta por dos veces pero, en medio de una especie de crisis de ansiedad y ante las insistencias del moderador abre la caja de Pandora:
¡No es el mejor país del mundo, profesor! Esa es mi respuesta.
Silencio en la sala. El moderador pide una aclaración:
, reitera.
El moderador intenta cambiar de tema pero el periodista que ha despertado del letargo en el que estaba sumido lo interrumpe:
Está bien. Sharon (se dirige a la comentarista demócrata) el presupuesto para Artes no cuenta para nada. Sí, nos cuesta un penique de nuestro sueldo, pero él (se dirige al republicano) te ataca con eso siempre que quiere. No cuesta dinero, cuesta votos. Cuesta horas de programación y ríos de tinta. ¿Sabes por qué a la gente no le gustan los liberales? Porque pierden. Si los liberales son tan jodidamente listos, ¿por qué pierden siempre?
Mientras la comentarista liberal, a duras penas consigue salir de su asombro se gira y dispara a la derecha.
¿Y en serio le vas a decir a los estudiantes que América es tan asombrosa con sus barras y estrellas que somos los únicos del mundo que tenemos libertad? Canadá tiene libertad. Japón tiene libertad. El Reino Unido, Francia, Italia, Alemania, España, Australia. ¡Bélgica tiene libertad! De 207 estados soberanos en el mundo, unos 180 tienen libertad. Y, sí, tú, la sorority girl (estudiantes pertenecientes a una hermandad universitaria femenina, un estereotipo muy repetido en EEUU)… Por si acaso un día accidentalmente te pasas por una cabina de votación, hay algunas cosas que deberías saber y una de ellas es que no hay ninguna prueba que apoye la afirmación de que somos el mejor país del mundo. Somos los séptimos en alfabetización, vigesimoséptimos en matemáticas, vigesimosegundos en ciencia; el 49 en esperanza de vida, el 178 en mortalidad infantil, terceros en ingresos familiares medios, cuartos en mano de obra y cuartos en exportaciones. Solo lideramos el mundo en tres categorías: número de ciudadanos encarcelados per cápita, número de adultos que creen que los ángeles existen y gastos en defensa; donde gastamos más que los siguientes 26 países juntos, 25 de los cuales son aliados. Ahora, nada de esto es culpa de una estudiante universitaria de 20 años pero tú, sin embargo, eres sin ninguna duda un miembro de la peor generación de la historia. Por eso cuando preguntas qué nos hace el mejor país del mundo, no sé de qué coño estás hablando. ¿De Yosemite? Claro que solíamos serlo. Defendíamos lo que estaba bien. Luchábamos por razones éticas. Aprobamos y derogamos leyes por razones éticas. Hicimos la guerra contra la pobreza, no contra gente pobre. Nos sacrificamos. Nos preocupábamos por nuestros vecinos. Apoyábamos lo que creíamos y nunca nos vanagloriamos por ello. Construimos grandes cosas, hicimos tremendos avances tecnológicos, exploramos el universo, curamos enfermedades, y cultivamos los mejores artistas del mundo y la mejor economía del mundo. Tratamos de alcanzar las estrellas, actuamos como hombres. Cultivamos la inteligencia. No la menospreciamos. No nos hizo sentirnos inferiores. No nos identificábamos por a quién votamos en las últimas elecciones… y no… No nos asustábamos tan fácilmente.

vía http://www.achtungmag.com/series-television-sorkin-thenewsroom-revista-achtung/

lunes, abril 7



lunes, marzo 31

Hoy será un día de mierda
Y toda la culpa será mia
Hoy será un día de mierda
Estoy tan cansado que ni puedo llorar
Te mandé un mensaje ebrio
Con las primeras luces del domingo
Santo Dios
Cómo me arrepiento
Me responderás educada y será peor

La pizza esta quemándose en el horno
Me quedo en el sofá mirando el rostro
Que se refleja en el televisor
Y me pongo a ver el apartamento
Para escapar de mi maldito tiempo
Para olvidar que has vuelto a Madrid

No está mal esta melodía
Me recuerda a lo del 70
Ojalá que no sea un plagio
Pero que más da solo quiero silbar


miércoles, marzo 26

Ser transparente


Muchas mañanas abro los ojos y me pongo a imaginar las diferentes opciones que tengo para realizar los actos coherentes que me aporten una felicidad plena. El ser que llevamos dentro es el que nos hace ser quienes somos aunque en multitudes de ocasiones lo ocultemos. A veces, suelo preguntarme por qué es tan difícil ser transparente… 
Creemos que ser transparente simplemente es ser sincero, no engañar a los otros. Pero ser transparente es mucho más que eso. Es tener el valor de exponerse, de ser frágil, de gritar, de decir lo que sentimos. Tenemos miedo a que alguien invada nuestra intimidad, que dañe a ese ser que, se supone, tú solo eres consciente de que existe. 
Ser transparente es desnudarse el alma, es dejar caer las máscaras, bajar las armas, destruir las inmensas y pesadas paredes que nosotros insistimos tanto en construir.
¡Ser transparente es permitir que florezca toda nuestra dulzura! Pero infelizmente, casi siempre, la mayoría de nosotros decide no tomar ese riesgo. Preferimos la dureza de la razón a la luminosidad que expondría toda la fragilidad humana. Preferimos el nudo en la garganta a las lágrimas que nacen de lo más profundo de nuestro ser. Preferimos perdernos en una búsqueda loca de respuestas inmediatas a simplemente rendirnos y admitir que no sabemos, que tenemos miedo. No importa qué doloroso es tener que construir una máscara que nos distancie cada vez más, preferimos eso para mantener una imagen que nos dé la sensación de protección. Así, vamos ahogándonos cada vez más en palabras falsas, en actitudes falsas, en sentimientos falsos. 
Con el pasar de los años, un vacío frío y oscuro nos hace percibir que ya no sabemos dar ni pedir lo más precioso que tenemos para compartir dulzura, comprensión… Sufrimos, nos sentimos solos, inmensamente tristes y lloramos calladamente antes de dormir. 
Los latidos gritan dentro nuestro por no tener el valor de mostrarnos a quienes más amamos. Porque, equivocadamente, aprendimos que es mejor atacar, acusar, criticar y juzgar, que simplemente decir: “estamos hiriéndonos, paremos ¡por favor!” 
Porque aprendimos que decir “eso es ser débil, es ser tonto,” es ser menos que el otro. Cuando, realmente, si actuáramos con el corazón, podríamos evitar tanto dolor, tanto dolor.
Sugiero que nos permitamos explotar toda nuestra dulzura. Que consigamos no atraer el lamento, no contener la risa, no esconder tanto nuestro miedo y no querer parecer tan invencibles.
Que consigamos no intentar controlar tanto, competir tanto. 
Que consigamos vivir dulcemente, sentir, amar.
Y que cada día que pase sea todo corazón, mucho más sentimiento, inundado de un amor transparente, a pesar de todo el riesgo que eso conlleva.
¡Dejémonos llevar! ¿Por qué nos cuesta tanto? ¿Por qué pensamos tanto? Sería mas sencillo actuar por instintos, actuar por sentimientos, actuar por nosotros mismos... Dejarse llevar sin pensar que opinará el resto, como actuarán los demás. Haz lo que sientes no lo que pienses. Deja que salga a la luz lo que encierra tu alma.
¡Deja salir a tu yo interior y vive! Para que cuando una persona te observe solo pueda ver amor, luminosidad y ganas de vivir. ¡Se transparente! para que cuando alguien te ame, sea a ese ser real que te hace ser quien eres...


domingo, marzo 23



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domingo, marzo 16

Los delgados


Adelgazan los televisores, los ordenadores y los teléfonos, para que los pierdas y tengas que comprarte otro, más delgado aún. Adelgazan las modelos, los futbolistas y las princesas, que solían ser rollizas y ahora, cuando salen en el telediario, las confundes con los refugiados a los que han ido a mostrar su solidaridad (mientras dura el telediario). Adelgazan el buen cine, los libros y los periódicos, cada vez con menos páginas y cosas más livianas que contar. 
Sabes que has llegado a la madurez cuando todo adelgaza a tu alrededor, menos tú. Umbral decía que las mujeres, cuando llegan a una edad distinguida, no se fían de los hombres delgados. Lo que no dijo es que a la mayoría les atraen los hombres de los que no se fían.
En mi primer viaje a Bután, ese encantador reino del Himalaya que va perdiendo encanto con la llegada del turismo, me sorprendió que los hombres se pelearan por las mujeres más corpulentas: simbolizaban salud, capacidad de trabajo y una descendencia fuerte. Pero desde que llegó la televisión, y empezaron a emitir los pases de lencería de Victoria’s Secret, también allí las prefieren delgadas. Como nosotros, han terminado por admirar todo lo que adelgaza, siempre que no sea una cuenta bancaria. Adelgazan los principios, las ideas y lo importante, tanto que ya nos va pareciendo más fácil cargar con este mundo en el que siempre engordan los mismos.